DOCTOR ENRIQUE ROJAS Catedrático en psiquiatría

Enrique Rojas | Biografía

Enrique Rojas es Catedrático de Psiquiatría y Director del Instituto Español de Investigaciones Psiquiátricas de Madrid. Es Presidente de la Fundación Rojas-Estapé, inaugurada en el 2009 para el estudio y tratamiento de los trastornos de la personalidad en personas con pocos recursos materiales.

La depresión: Cómo curar la melancolía (IV)

La depresión: Cómo curar la melancolía (IV)

El Correo

Bilbao, 31 de enero de 2000

Transcripción de la conferencia del psiquiatra Enrique Rojas

Parte I | Parte IIParte III | Parte IV | Parte VParte VI

Por otra parte, yo diría que los tres aspectos que más afectan son, además de la ya nombrada inteligencia, la afectividad y la personalidad, junto con nuestro cuerpo, que es nuestro vehículo. La personalidad es, por definirla de una forma rápida o muy sencilla, aquel conjunto de pautas, de conductas actuales y potenciales que se hospedan dentro de nosotros. O aquel conjunto de ingredientes físicos, psicológicos, sociales y culturales que dan lugar a una forma de ser. Por eso la personalidad se quiebra cuando está deprimida; comienzan a dar señales de vida aspectos muy negativos de la misma.

En cuanto a la inteligencia, debemos destacar óya que antes nos hemos referido a ella en líneas generalesó que hay muchos tipos. Nosotros, los psiquiatras, sabemos que decir eso de ´Esta persona es muy inteligente´ es poco; hay que matizar. Hay una inteligencia teórica, que es la del intelectual; una práctica, que es la de la persona operativa ógeneralmente, éstas están a la gresca, y de este hecho deriva, precisamente, la figura del sabio distraído: esas personas que son muy inteligentes para los aspectos conceptuales y no son prácticas para la vidaó; otra social, la de las relaciones públicas; otra analítica, otra sintética, otra discursiva, es decir, la capacidad para expresar ideas en público; la matemática, por la que se expresa el mundo en lenguaje cuantitativo, y la instrumental -a ésta le he dedicado yo un libro-, que es la voluntad, un ingrediente básico, la capacidad para hacer algo sin encontrar un resultado inmediato, para aplazar la recompensa, y que tiene como fundamentos el orden, la constancia, la motivación. Además, junto a esta lista enumerada, hay una inteligencia de las inteligencias, una mayor: la inteligencia para la vida -ésta es punto y aparte, y yo le dedicaría toda la noche-, la facultad para saber gestionarla bien. Yo conozco mucha gente muy lista que tiene una vida muy caótica, y conozco gente que, con una inteligencia moderada, en cambio, ha sabido pilotar muy bien su conducta.

La tercera y última es la afectividad, aquella parcela de nuestro patrimonio psicológico donde aparecen los grandes asuntos afectivos: los sentimientos, las emociones, las pasiones, las motivaciones, que nos resuenan como en una sinfonía, cada una con voz propia, dicho lo cual, entro ya en la tercera parte de mi exposición.

¿Cuáles son los principales síntomas de la depresión? Yo diría que tiene, fundamentalmente, cinco estirpes de síntomas, que luego, cada uno, se desparraman, se subclasifican y, al mismo tiempo, se entrecruzan; son los físicos, los afectivos, los de conducta, los cognitivos y los aseverativos. Ya decía Letamendi, aquel médico español tan célebre, que no hay enfermedades, sino enfermos. Una cosa son los libros y otra cosa es la realidad clínica. A mí, lo que no me han enseñado los primeros me lo han enseñado los segundos, porque el enfermo es un libro abierto en el que uno aprende la complejidad, lo variopinto, lo kafkiano, lo surrealista de los cuadros clínicos; cada uno tiene un curso curioso y sorprendente, y, realmente, no sigue lo que dicen los textos. Así que, partiendo de esta premisa, voy a explicarles qué significa cada uno de dichos síntomas brevemente.

En primer lugar, están los físicos, de los cuales, el más importante es el dolor de cabeza. De hecho, antiguamente, hace 20 años, se hablaba de las depresiones enmascaradas, cuya apariencia era fundamentalmente somática, no psicológica. Los alemanes le llamaban a esto ´depressio sine depressione´, ´depresión sin tristeza´, durante la que aparecen síntomas somáticos como dichos dolores de cabeza, molestias digestivas o molestias difusas por la geografía corporal, en forma de dolores mal estructurados. Además, hay dos síntomas físicos que no hay que perder de vista: uno, la impotencia sexual en el hombre -es muy rara una depresión en la que la sexualidad funciona bien- y el vaginismo en la mujer; otro, el transtorno del ritmo del sueño, ya que una de las cosas que refleja más salud psicológica o más salud general es dormir bien. El insomnio es otra constante en la depresión; son muy raras, en cambio, las depresiones normosómnicas, en la que el enfermo duerme bien. Se puede tratar de dificultad para coger el sueño, sueño intermitente, sueño no reparador o sueños con contenidos oníricos angustiosos; es decir, hay una gran variedad de dificultades en el sueño. Las personas que duermen bien no saben con lo que cuentan; ´no se sabe lo que se tiene hasta que se pierde´ dice el refrán castellano.

En segundo lugar, están los síntomas psicológicos o afectivos. Los síntomas afectivos son la esencia de lo que es la depresión. Ahí está la tristeza, en esa variedad que yo he comentado antes de formas de estar triste, y lo contrario, cómo no, es la alegría. Kafka, este gran escritor que fue conocido a través de su albacea de testamento, en su libro Conversaciones con Hanus, dice lo siguiente: ´El corazón del hombre es una casa con dos estancias; en una está la alegría y en otra, la tristeza. Y dice la leyenda que no conviene nunca reír demasiado fuerte, porque se corre el riesgo de despertar a la tristeza, que está en la región vecina´. Es decir, los sentimientos están muy cercanos, contrapuestos. Lo dice el lenguaje de la calle: ´del amor al odio no hay más que un paso´. Lo estamos viendo hoy, en esta epidemia que asola a Occidente de crisis conyugales, junto a otras dos que cierran este final de siglo: el SIDA y la droga. Hay una auténtica mancha de aceite que se extiende por el mundo, sin que se pueda cortar fácilmente, por lo que parece.

Y lo vemos ahí, en personas que se han querido mucho: de pronto, hay un giro contrario en la afectividad. Aquí, precisamente, es donde entra esa variedad. Muchas veces no es sólo tristeza, es también aburrimiento. La palabra aburrimiento, en alemán, por ejemplo, es langebeile, que significa, literalmente, ´momento largo´; es decir, el tiempo se alarga. Cuántas veces he oído yo a algún paciente mío decir ´Doctor, las mañanas son interminables. Miro el reloj una y otra vez ¿Se habrá parado el reloj? El tiempo no corre´; ocurre lo contrario cuando uno está enamorado, cuando está feliz de la vida: no hay tiempo para nada, está uno desbordado. Pero también existe lo que llaman los alemanes sbermut, que es ´pesadez del cuerpo´. Hay, por tanto, una sensación física y somática a la vez. Pesa el cuerpo y pesa la psicológico, como una sensación elefantiásica, para dar un paso adelante. Yo he visto muchos enfermos depresivos que están sentados en la cama sin poder levantarse y que tienen, a lo mejor, un libro a tres metros. Y hay una especie de diálogo consigo mismo; ´ahora lo cojo´, dicen, aunque pueden pasar tres horas. Es una sensación terrible.

En tercer lugar, están los síntomas de conducta, aquéllos que se manifiestan en el comportamiento externo, por lo que, dentro de éstos, hay muchos aspectos: la disminución de palabras por minuto en una persona que está hablando y no dice nada salvo respuestas monosilábicas, o el rictus de la cara, el espejo del alma, a la que vienen los paisajes del alma; es decir, que lo que llevamos dentro sale al exterior. No en vano, muchas veces decimos ´no me gustó su cara´, ´tenía mala cara´, o ´dio la cara´. Así pues, la cara es programática, como la vida, y manifiesta nuestro interior en sus dos partes: la cara romántica y la cara clásica. La cara romántica son los ojos -dice tanto la mirada!-, que pueden estar tristes, melancólicos, apagados, fijos, un poco estáticos, y la boca, que tiene su propia fisonomía. La clásica es ese semáforo de señales que emite, en general. Claro que la conducta también se manifiesta en el resto del cuerpo. Todo ello para reflejar síntomas depresivos que, como digo se desparraman por aquí y por allí.