DOCTOR ENRIQUE ROJAS Catedrático en psiquiatría

Enrique Rojas | Biografía

Enrique Rojas es Catedrático de Psiquiatría y Director del Instituto Español de Investigaciones Psiquiátricas de Madrid. Es Presidente de la Fundación Rojas-Estapé, inaugurada en el 2009 para el estudio y tratamiento de los trastornos de la personalidad en personas con pocos recursos materiales.

La depresión: Cómo curar la melancolía (III)

La depresión: Cómo curar la melancolía (III)

El Correo

Bilbao, 31 de enero de 2000

Transcripción de la conferencia del psiquiatra Enrique Rojas

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¿Qué diferencias hay?, pues mire usted, cuántas veces le preguntamos a la gente ´¿tú cómo te encuentras de ánimo?, ¿cómo estás por dentro?´, y cuántas veces decimos ´estoy triste´, ´estoy decaído´, ´no me encuentro bien´ o ´estoy bajo de tono´. Son expresiones. Hay un estudio que hice yo algunos años atrás, en una muestra de pacientes en Madrid, sobre los sustantivos que empleaban los enfermos según los niveles sociales o socioculturales. Era curioso, porque las personas de nivel social más alto, las que tenían más estudios, más capacidad, utilizaban expresiones psicológicas como triste, aburrido, deprimido, decaído, mientras que las personas de menos nivel sociocultural utilizaban expresiones somáticas como sin gana, sin fuerza, sin energía.

De hecho, muchas veces preguntas a gente de menos nivel sociocultural cómo está de ánimo y te responden ´no tengo ganas de comer´; así, una pregunta psicológica es respondida de una forma somática. Pero en realidad, las diferencias que voy a establecer grosso modo las pueden ustedes encontrar en alguno de mis libros, y es un asunto muy bonito, porque indica la pericia del psiquiatra, que se mete, que ahonda en los entresijos de la personalidad del otro.

La tristeza psicológica es motivada por algo, estoy triste por algo. La melancolía puede ser causada por una cosa pequeña, lo que los americanos denominan life evens, acontecimientos de la vida, o puede ser un sumatorio de cosas: es esto, es aquello, es lo otro, es lo de más allá… Sin embargo, la tristeza depresiva suele ser, generalmente, inmotivada, hay pocos motivos o ninguno ¿Qué significa esto?, significa que, muchas veces, de cosas insignificantes, esa persona hipertrofia, agranda o desproporciona el agente causal.

Además está el sentido: en la tristeza psicológica es comprensible, se comprende que uno esté triste, y comprender es aliviar, es ponerse en el lugar del otro, pero en la tristeza depresiva es incomprensible. Yo he visto muchas depresiones tras el éxito, tras una subida profesional, un ascenso, o aquéllas en las que no había motivo, no tenía sentido que aquello se produjera.

Si, por otro lado, atendemos a su vivencia, la habida en la tristeza psicológica es más superficial, se muestra con lágrimas o bien se guarda dentro -también depende del tipo de personalidad-, mientras que la tristeza depresiva es muy profunda, es densa, compacta, pétrea, consistente, cala a fondo.

En lo que respecta a su intensidad, la tristeza normal es una tristeza menor, aunque, naturalmente, depende mucho de los acontecimientos: no es lo mismo la muerte trágica de una persona querida o un revés de la fortuna que otros acontecimientos. Y, miren ustedes, aquí yo haría una pequeña incisión, válida hasta hace años. En nuestro medio, en la sociedad occidental, la mujer suele ser especialmente sensible a las frustraciones afectivas y el hombre es especialmente sensible a las profesionales, pero esto está cambiando. Piensen ustedes que, en la Universidad Complutense de Madrid, por ejemplo, en Medicina, el 60% de los alumnos hoy son mujeres, y en Derecho, el 70%.

En el siglo XVIII y principios del XIX, se decía que la mujer era menos lista porque tenía menos masa encefálica. Hoy sabemos que la masa encefálica de la mujer es la misma que la del hombre, y que no es que sea más lista, sino que el hecho es que está ahí. Hace unos días pedía yo diez voluntarios para hacer un trabajo en la Facultad de Madrid y los diez eran mujeres. Vivir para ver. Es decir, el sexo débil se ha vuelto fuerte y el fuerte se ha debilitado. Se ha producido un cambio de roles. Pero sigamos con otras diferencias entre estas dos tristezas.

La tristeza psicológica es una tristeza que generalmente no se plasma en el plano somático; lo más, como decía antes, es que haya lágrimas o que una persona cambie la cara, tenga una cara mustia, melancólica. No ocurre lo mismo, en cambio, con la tristeza en la enfermedad depresiva: en este caso sí se somatiza. Es decir, se marca sintomáticamente a través de dolores de cabeza con una topografía compleja. Pueden ser frontales, frontotemporales, en la zona occipital…; pueden ser dolores difusos, etéreos, vagos, pocos concretos; pueden ser específicos… Además, en el plano respiratorio, pueden ir acompañados de una sensación de opresión, de falta de aire, de la sensación de dificultad para respirar.

Por no hablar del plano digestivo, en el que son muy frecuentes las quejas de la persona depresiva, que va recorriendo médicos hasta que uno, un médico de atención primaria o un interno que conoce la psiquiatría le dice: ´Mire usted, si usted lo que tiene es una depresión; tiene una molestia somática, pero eso no es digestivo´. Esto es como aquel dicho que se oía mucho en otra época, en la gente castellana, del pueblo: ´Tengo los nervios en el estómago´. No sé si se decía aquí, pero recuerdo que había que aclararlo: ´Mire usted, esto no son nervios, es el estómago. Usted tiene una depresión, lo que pasa es que la depresión se manifiesta de esta manera´.

Con todo ello, ya tendríamos una primera definición de este padecimiento como enfermedad del estado de ánimo, enfermedad del humor debida a causas biológicas, resultado de un transtorno de la neurona, o causas psicológicas. Atendiendo de manera más amplia al primer caso, les quiero explicar que nosotros, en los últimos años, medimos y pesamos la depresión, al igual que uno mide el nivel de glóbulos rojos en sangre y sabemos si una persona tiene anemia, o tiene colesterol alto, o tiene un índice de glucosa de tal o cual calibre… Utilizando una muestra de 290 pacientes, hemos visto qué serie de variables afectan más en la depresión. Es decir, hay aquí un manejo distinto de los sustantivos anteriormente nombrados que constituyen el mapa de esta patología. Lo que es importante es que ustedes sepan que la depresión endógena es una enfermedad producida por un trastorno cerebral. Nosotros tenemos un procesador, un pequeño microprocesador en el cerebro, que es la neurona.

Tenemos, aproximadamente, cien mil millones de neuronas y, a su vez, cada neurona tiene entre diez mil y cien mil conexiones con las neuronas vecinas, por lo que se produce una central eléctrica o telefónica de altísima complejidad, de tal manera que hay unas relaciones tremendamente interesantes. La neurona tiene tres partes fundamentales: el cuerpo, el axón, que es una terminación larga, abotonada, y luego una zona que son las dendritas, que son unas terminaciones que se bifurcan en distintos aspectos. Incluso podríamos decir que nuestra mente funciona como un ordenador: recibimos información, que puede ser verbal, visual, auditiva…; luego hay un segundo momento, que es el procesamiento o el almacenamiento, la sistematización de ese material recibido óéste y el anterior serían el input, en el lenguaje informáticoó, y un tercero, que son los registros de salida óel output. De hecho, siguiendo este esquema podríamos definir, también, qué es inteligencia. Inteligencia es la capacidad para utilizar de forma correcta la información recibida, procesarla de forma adecuada y dar respuestas eficaces.

Desde luego, sería una definición un tanto computerizada, porque la inteligencia es, ya que he entrado en el tema, bastante más que eso: es capacidad para captar la realidad en su complejidad y en sus conexiones, es capacidad de síntesis, es saber distinguir lo accesorio de lo fundamental. Allí donde hay compresión lógica o racional, ahí hay una persona inteligente. Por lo tanto, tiene que ver con la neurona y tiene que ver con muchas más cosas ¿Por qué?, pues miren ustedes, porque toda la conducta humana descansa sobre dos esquemas: la herencia y el ambiente, es decir, el equipaje genético y el entorno. Uno puede haber recibido un gran potencial intelectual por parte de su familia, o un potencial depresivo, pero el entorno es otro de los factores influyentes óya sabemos la importancia que tiene la educación, por ejemploó. Y dentro de ese espacio neuronal donde se desarrolla todo lo dicho, nos vamos a encontrar con una zona intermitente, entre una neurona y otra, que se llama espacio sináptico, lugar donde se ocasiona, en este caso, la depresión endógena, debida, fundamentalmente óhay más aspectos, pero no quiero complicar el temaó, a tres sustancias que transmiten los impulsos nerviosos dentro del cerebro, en un intercambio muy complejo: serotonina, dopamina y noradrenalina.

Así pues, podemos decir que la depresión endógena es una enfermedad neurobioquímica. Yo recuerdo cuando antiguamente se hablaba del médico de los locos, del psiquiatra como médico: ´Mire usted si estuvo mal que tuvo que ir al psiquiatra´. Hoy, en algunos países del mundo, en Estados Unidos, en Australia, en Japón, el psiquiatra es como el médico de cabecera. Nadie queda descalificado por ir al dentista dos veces a la semana, ni al psiquiatra, porque no es sinónimo de locura. Es una enfermedad importante, como digo, de naturaleza endógena óya hemos visto que la exógena tenía otras característicasó.