DOCTOR ENRIQUE ROJAS Catedrático en psiquiatría

Enrique Rojas | Biografía

Enrique Rojas es Catedrático de Psiquiatría y Director del Instituto Español de Investigaciones Psiquiátricas de Madrid. Es Presidente de la Fundación Rojas-Estapé, inaugurada en el 2009 para el estudio y tratamiento de los trastornos de la personalidad en personas con pocos recursos materiales.

La depresión: Cómo curar la melancolía (II)

La depresión: Cómo curar la melancolía (II)

El Correo

Bilbao, 31 de enero de 2000

Transcripción de la conferencia del psiquiatra Enrique Rojas

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Abandonando esa primera época, señalemos que se ha considerado al Renacimiento como una de las etapas más marcadas por la melancolía óCelso hablaba de esta enfermedad como un dolor moraló, y un médico de ese momento histórico, médico de cabecera de Enrique IV, la describe explicando los síntomas. Dice que una de las cosas que caracterizaban a dicho monarca era, por ejemplo,la dificultad para levantarse por la mañana; es decir, padecía esta astenia matutina que es tan propia de la depresión. En ese mismo periodo, Jacques Dubois, otro médico francés, describe esta enfermedad y recomienda las siguientes terapias: mejora del aire, contacto con la naturaleza y esparcir en los aposentos rosas, violetas y nenúfares. Se habla ya, en algunos de estos textos, del riesgo del suicidio, pero sigamos enumerando. Otro médico de la época, Francesco Gerossa, en su libro Magia, hace un análisis prolijo de estos síntomas y propone la utilización de un jarabe con cerca de 100 ingredientes. Es decir, ya aparece esta idea, que luego vamos a ir viendo a medida que pasa el tiempo, de cómo la depresión se va a curar desde el punto de vista farmacológico. El inglés Robert Burton, un clérigo filósofo y profesor que habla de la Anatomía de la melancolía, tal es el título de su libro, era hipocondriaco, y ya saben ustedes que el hipocondriaco es una submodalidad de la depresión. A la hipocondria, le llamaban los médicos franceses de finales del XIX -que mencionaré enseguida- ´Le malade de le petit papier´, ´La enfermedad del papelito´, porque el hipocondriaco, el hipocondriaco auténtico -habría que establecer aquí una escala según los tipos- es el que va al médico con un papel y lleva todos los síntomas apuntados.

Tiene miedo. A propósito de esto, recuerdo haber visto, cuando empezaba a trabajar como médico en el Hospital Clínico de Madrid, algún hipocondriaco que me decía: ´Doctor, usted tan joven, no creo que pueda comprender esta enfermedad que es tan complicada´. Entonces, venía una lista de 30 síntomas: ´por la mañana me levanto, tengo los pies fríos, las manos calientes, tengo un pellizco que no es pellizco, que es tirantez, que no es tirantez, que…´. Es decir, es el matiz del matiz: ´dolor de cabeza que no es dolor, sino que es una sensación de peso pero que no es peso, que es como tener la cabeza ocupada…´; el paciente va describiendo una geografía de síntomas que recorren todo su cuerpo. Burton, como digo, describe esta modalidad, y señala que, para él, es una forma de depresión. Pero será una figura muy interesante de esta época, Right, quien escriba, a finales del siglo XVI, un tratado sobre la melancolía; o sea que es la primera monografía seria que se escribe sobre la misma. Es este hombre quien pone de moda la utilización de vapores y comprueba, así, cómo el clima del ambiente puede provocar una mejoría, además de recomendar la utilización de purgantes y vomitivos. Hay un personaje español poco conocido, Francisco Vallés, del mismo siglo que el anterior, que también incide en las causas ambientales de la depresión. Por otro lado, en lo que respecta a los métodos para remediar semejante padecimiento, se propondrá, posteriormente, la silla giratoria, una silla circular sobre la que se ponía a los depresivos para que se marearan, lo que producía un gran impacto.

Después, en el siglo XVIII, nos encontramos con un médico de origen árabe, Rufat, sobre el cual existen varias tesis doctorales en España, que describe la enfermedad de Fernando VI: manía melancolía. Fernando VI pasaba temporadas muy activo, con verborrea, sin parar de hablar, con una gran fuerza, y otras temporadas durante las que se metía en la cama. Así pues, este médico describió dicha enfermedad, que sabemos que se ha llamado psicosis maniacodepresiva y que, en la actualidad ópuesto que la palabra psicosis es demasiado duraó, se denomina depresión bipolar, es decir, depresión que tiene dos polos, uno ascendente, de euforia, con todo lo que eso significa, y otro descendente, que es depresión o melancolía.

Más tarde, en el siglo XIX, aparece ya la psiquiatría francesa, con tres o cuatro grandes médicos muy importantes que subrayan la importancia de esta patología. Uno de ellos es Pinel, quien, en su libro Tratado médico-filosófico, habla de la alienación mental y afirma que esta enfermedad es un juicio falso sobre uno mismo y sobre la realidad. Como decía Quevedo, ´nada es verdad ni mentira, todo es según del color del cristal con que se mira´; el cristal, la perspectiva con la que el depresivo ve el mundo, el propio y el ajeno, es enormemente negativa. A finales de dicho siglo, nos encontramos con otro de éstos, un alemán que describe esta enfermedad diciendo que las enfermedades depresivas son enfermedades del cerebro, primera idea que contrasta con todo el historial mágico que ésta arrastraba. Y también está Krepeling ócuando explico Historia de la Psiquiatría suelo dedicarle casi media lección a este autor germanoó, quien describe la locura maniacodepresiva. La palabra locura, sin embargo, ya la hemos quitado del mapa, porque, lógicamente, es una palabra peyorativa. Al enfermo, del tipo que sea, no se le puede llamar loco, sino que es una persona que tiene un déficit en algún área de su conducta.

En la transición del XIX al XX, dos investigadores italianos describen el electroshock, aplicación de la corriente eléctrica en zona frontotemporal bajo anestesia -antes se hacía sin anestesia y producía ataques epilépticos-, método que, hoy día, prácticamente no manejamos pero que provocaba un cambio enorme en el mapa cerebral, en las sustancias productoras de la depresión.

Y, por último, ya en el siglo XX, hay que reseñar que el estudio de esta patología es impresionante. Muchos de los grandes investigadores de la psiquiatría no ven enfermos por la enorme complejidad que se produce dentro de este campo. De tal manera es así que, incluso en los dos o tres países más importantes del mundo en investigación, como son Estados Unidos, Japón o Canadá, muchos psiquiatras se dedican sólo a un área concreta de la psiquiatría, como, por ejemplo, a investigar sólo la anorexia, bulimia o trastornos del sueño. Les voy a contar una anécdota que me pasó a mí la primera vez que estuve en la Universidad de Nueva York, la NYU, con el Jefe de Psiquiatría, que era una persona muy abierta pero con una socarronería un poco inglesa.

Esta Universidad tiene en la 1™ Avenida, esquina con la calle 27, un hospital muy célebre, muy antiguo, de los más viejos de Nueva York, el Belbio, que tiene veintitantas plantas, de las cuales tiene 10 de psiquiatría. Entonces él me preguntó ´¿Cuál es su especialidad?´, y le dije ´Me dedico sobre todo a las depresiones´, a lo que él replicó ´Pero ¿a todas? , y yo le volví a contestar ´Sobre todo a las del adulto´, y él volvió a preguntar ´Pero ¿a todas las del adulto?´ – es decir, la especialización es terrible -. Días más tarde, con un poco más de confianza, le interrogué: ´Profesor, ¿cuál es su especialidad?´, y me dijo ´Yo me dedico a tratar sólo a psiquiatras neuróticos´, y yo, a su manera, le pregunté de nuevo ´Pero ¿a todos?´. En la ciudad de Nueva York los psiquiatras tienen fama de no estar muy centrados, es una especie de clima general, y me hizo gracia que se dedicara sólo a tratar este tipo de pacientes.

Pero dejemos estos asuntos aparte y centrémonos en la depresión, puesto que ya tenemos un pequeño mapa. Hay una historia enorme que nosotros estudiamos con unos criterios muy operativos, es decir, muy prácticos, de tal manera que seguimos unas líneas magistrales que nos dan pie para saber si estamos o no ante esta enfermedad. Si nos preguntamos por lo que es, habrá que responder que es un padecimiento del estado de ánimo, que puede ser debida, fundamentalmente, a causas neurobioquímicas, en el caso de la depresión endógena, o a causas psicológicas, en el de la depresión exógena o reactiva. Por lo tanto, hay dos modalidades, y la primera de ellas es esencialmente hereditaria. De hecho, para reconocer el tipo de dolencia de una persona, lo primero que hacemos es estudiar este aspecto, si ha habido antecedentes familiares, personales…; es decir, rastreamos retrospectivamente esa historia personal. En cambio, la depresión exógena nos habla de reacciones depresivas, ya que la vida nos ofrece a todos, permanentemente, momentos en los que está uno triste.

Pensemos en la competitividad que hay a cualquier nivel, en lo difícil que es la vida, en su complejidad. Muchas veces, cuando en la televisión, por ejemplo, que es el gran vanalizador de este tiempo nuestro, que lo convierte a todo en divertido, en penoso, en lamentable, el speaker se despide y dice ´Que sean felices´, miren ustedes, debemos entender que la felicidad es el resultado, la suma y compendio de lo que yo he hecho con mi vida, de acuerdo con lo que proyecté; por lo tanto, es una resultante. No soy feliz; puedo tener momentos felices, pero la felicidad tiene un calado enorme de fuerza, y eso lo he dicho yo, en otro tono, en multitud de ocasiones, en algún libro mío reciente, como en este de La ilusión de vivir. La felicidad consiste en tener buena salud y mala memoria; es decir, en la capacidad para pasar las páginas negativas del pasado, lo que indica buena salud mental. Eso es muy importante. Cuando uno está atrapado en los recuerdos negativos, uno necesita una ayuda psicológica. Así pues, la tristeza debida a algo sería la reacción depresiva y la tristeza depresiva, tristeza de la enfermedad; hablamos de las depresiones exógenas y endógenas, respectivamente.